¿Se avanza o retrocede en autonomía económica femenina?
La igualdad entre hombres y mujeres es un derecho sin discusión. Pero el derecho de ser mujer profesional independiente no tiene por qué oponerse a la condición de ser madre.
En términos económicos, las mujeres se imponen sacrificios en pro del bienestar familiar, que al final las pone en desigualdad de nuevo.
Estos sacrificios son:
1. Descuidar su salud integral, reducir tiempo de ejercicio físico y alimentación nutritiva.
2. Dejar de percibir horas de salario por atender las necesidades de sus hijos y del hogar.
3. Preferir que no le suban el salario mientras le permitan ausentarse del trabajo parcialmente.
Según Claudia Goldin, la tercera mujer en recibir un Premio Nobel de Economía, las mujeres en la actualidad trabajan desde jóvenes y permanecen en el mercado laboral hasta su jubilación, estudian en la universidad y hacen posgrados porque quieren mejorar y alargar sus expectativas laborales.
Si se mide la educación, nivel de responsabilidad, tamaño de la empresa, etcétera, la brecha salarial se reduce a una mínima expresión: el 95%.
Esta micro diferencia no es por el hecho de ser mujeres.
Claudia recalca que la razón es que ellas prefieren una mayor flexibilidad laboral que los hombres, porque la carga del trabajo del hogar sigue recayendo más sobre ellas.
Con base en los estudios del Observatorio del Crédito Aval (período 2025, Ecuador) las mujeres toman menos riesgos al solicitar un crédito: piden montos menores que los hombres a plazos más largos. El monto promedio es de $1829 las de riesgo alto (hombres: $2707), hasta $3600 aquellas con riesgo bajo (hombres $5000).
En cambio, mantienen un promedio de nivel de score adecuado y el 53% de las operaciones de crédito va a mujeres y respecto al microcrédito, el 60% se coloca en sus manos.
¿Qué decisiones financieras concretas deberían tomar hoy las mujeres?
1. Aquellas con un alto nivel de productividad, así trabajen menos horas o tengan más permisos, deben solicitar y recibir incrementos salariales cuando lo amerite.
2. Deben ser las primeras en valorar su trabajo -dentro y fuera de casa- para que el resto lo haga. Incluidos los jefes y la pareja.
3. Deben construir un fondo de emergencia para ellas.
4. Si no están aseguradas, acogerse al seguro voluntario.
5. Deben evitar donar sus ingresos y patrimonio a los hijos, pues llega la vejez y no tendrán con qué sostenerse, perdiendo independencia y complicando a la familia.
6. Deben estar consciente de que, si posponen la maternidad hasta más allá de los 35 años, buscando su independencia económica y profesional, ponen en riesgo a su niño y a sí mismas. Pueden caer en posteriores gastos de tratamientos de fertilidad, médicos y psicológicos si la concepción demora.
En suma:
Si el trabajo del hogar recae de manera menos intensiva sobre ellas gracias al apoyo de sus parejas, y si las empresas descubren cómo organizarse internamente para que la flexibilización no merme la productividad de las trabajadoras, la brecha de género tenderá a desaparecer.